Uno de esos días…

Hay momentos en que el hilo conductor de la vida se corta. Son instantes únicos, irrepetibles. Son, por más pequeños e irrelevantes que sean, los segundos donde se construye la historia. Ayer fue uno de esos días.

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Son esos momentos en que el curso normal del tiempo cambia de ritmo. Todo se acelera. Afuera en la calle, la gente se choca. Muchos apuran el paso pero sin rumbo fijo. Ahora es dudoso, nervioso, como si deambularan despiertos. Todos hablan con todos pero sin entender bien con quién, ni de qué hablan. Están inmersos en un estado de hipnosis.

Las radios se sintonizan en cada puerta, los televisores se prenden en cada bar. Todos miran atónitos, escuchan incrédulos. Allí está expuesta la inevitable noticia. Lo que nadie creía, lo que nunca iba a pasar: Murió.

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Todos los teléfonos empiezan a sonar al mismo tiempo componiendo una melodía terrorífica. Algunos contestan mientras caminan con la cabeza gacha, dibujando trayectos perfectamente circulares. Hablan susurrando, casi sin aire, porque tienen la garganta cerrada y un nudo en el estómago. Rápidamente las líneas se colapsan, pues la tecnología, que es demasiado programada, no da respuestas a lo impredecible de la vida.

Poco a poco van llegando a la plaza, y aunque son de tez oscura, arriban con la misma palidez en la cara, con la mirada perdida. En sus rostros vive la angustia de la incertidumbre y la desesperanza del final. Las mejillas húmedas se rozan unas con otras, pero todos se funden en un mismo abrazo.

Es ese instante en que pareciera que el mundo se pone en pausa. El corazón late fuerte, las piernas se aflojan y el cuerpo se siente más liviano.

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De repente, como una bocanada de aire, el desahogo. El llanto y el grito contenido de un pueblo que se llora a sí mismo. Pues aquello que llora, no es más que su propio reflejo.

Y allí la paradoja: El mismo pueblo que parió a su líder, hoy se siente huérfano.

No hay consuelo, aunque algo les queda. Es entonces cuando el pueblo, que no tiene más  remedio que ser pueblo, saca lo único que le queda para sobrevivir: su orgullo.

Ayer fue uno de esos días en que ya nada será como antes.

Maracay, Venezuela. Miércoles 6 de Marzo de 2013.

7 comentarios en “Uno de esos días…

  1. Wow! Increíble! Nosotrxs nos encontrábamos en San Jacinto (Colombia) Nos tocó ver a lxs diputadxs locales “festejando” la muerte de Chávez. Nos pareció muy loco, primero porque es algo que afecta directamente al país vecino (no al propio) y festejar la muerte de alguien (fuera cual fuera la ideología, te guste o no) me parece de mal gusto.
    También recuerdo que nuestrxs amigxs nos pedían que viajemos a Venezuela, al final cuestiones económicas hicieron que sigamos rumbo a Panamá 🙁
    Que bueno que estuviste ahí y que lo contaste!
    Saludos!

    • Qué país extraño Venezuela, tiene una realidad tan compleja que aún después de 4 meses y todo lo vivido uno no llega a entenderlo del todo. Pero es hermoso, por supuesto. Qué lástima que no pudieron ir, yo hice muchos amigos allá.
      Si pegan la vuelta, pueden pasar por ahí un ratito! 😉

      Abrazo grande chicos! Buenos caminos!

  2. Sabía que hoy me iba a encontrar con este relato! Qué bueno estar en estos momentos históricos en el escenario principal!! muy groso… sentimiento a flor de piel en esa gente.

  3. Querido Mariano, esto que estás viendo y viviendo es único e irrepetible, celebro que un capricho del destino te permita ser testigo. En unos días tu viaje continuará, pero estoy seguro, que jamás olvidarás estas jornadas
    de dolor popular. Ojalá el pueblo venezolano siga y profundice su revolución…nunca, momento será más dificil. Te quiero mucho, tu viejo.

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